lunes, 1 de octubre de 2012

El profesor de fotografía ideal


 
El profesor de fotografía ideal
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Ahora que empieza el mes de octubre, muchos aficionados van a empezar sus nuevas clases de fotografía, es un buen momento para imaginar o soñar con el profesor de fotografía ideal. En otro post veremos cómo debería ser el alumno ideal para este tipo de cursos.

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Un buen profesor de fotografía no es difícil de encontrar, y no está sólo presente en las escuelas más caras y reconocidas, que también, sino que tenemos la suerte de poder encontrarlo en cualquier centro cultural, asociación o pequeño pueblo de provincias. Por eso vamos a ver sus características:

  • Es una profesión vocacional. Quién da clases, ya sea de fotografía o de ciencias del mal, debe ver su trabajo como algo maravilloso y un reto continuo. Tiene la obligación de comunicar toda la pasión que siente por la fotografía para que sus alumnos se impliquen.
  • Debe seguir trabajando de fotógrafo porque debe seguir aprendiendo él mismo. No tiene sentido ser profesor y llevar a clase apuntes amarillos comidos por el tiempo. Estos son los más peligrosos, los que intentan hacerte creer que aprendieron todo cuando eran más jóvenes y que no hay nada nuevo. Está claro que muchos conceptos permanecen inalterables, pero se pueden encontrar nuevas formas de explicarlo o ver las cosas desde distintas ópticas.
  • Tiene que ser crítico, muy crítico. Pero con educación y buenas maneras. El alumno tiene que aprender, y el profesor no es su madre o su abuela, que ven siempre sus desenfoques como algo hermoso y único. Nunca hay que fiarse de un profesor que alaba todo el tiempo tu trabajo. Es mejor el que cuestiona todo el rato lo que hacemos. Es más duro tener un profesor así, pero lo que aprendes con él no lo olvidas nunca.
  • Un profesor de fotografía debe ser un libro abierto.Preguntes lo que le preguntes tiene que tener lista siempre una respuesta. No le preguntéis por la clonación de los peces rana en las regiones desérticas, pero tiene que tener una cultura amplia que le permita relacionar y establecer paralelismos con tu aprendizaje. De nada sirve que sepa mucho de técnica, si no es capaz de ver que tus primeros trabajos se acercan peligrosamente al pictorialismo, para prevenirte de ello. Tiene que recomendar libros, películas, exposiciones, restaurantes, lugares…
  • Debe tener capacidad de asombro. He tenido profesores de fotografía que se han entusiasmado y admirado ante el trabajo de compañeros y que no han parado de preguntar hasta obtener todas las respuestas. Hay veces que hay que dejar de ser profesor para ser alumno. Tiene que hacerte pensar.
  • Ser fotógrafo y profesor no es ser un ejemplar único de la naturaleza. Por eso hay que desconfiar de los endiosados que no paran de contar las batallas y las heridas de guerra. El profesor no está ahí para que todos le adoremos, está ahí para enseñar a descubrir.
  • Las clases tiene que tenerlas de antemano aunque también debe saber improvisar en algunos momentos. Cuántos hemos sufrido conferencias en las que los profesores no sabían manejar el ordenador de turno o el micrófono no paraba de emitir molestos ruidos. Un buen profesor, siempre que pueda, llega el primero, prepara todo lo que vaya a necesitar y hace un último repaso a los apuntes que ha preparado para las horas de clase.
  • No tiene sentido dar clases de fotografía sin mandar prácticas. Si el curso es de varias horas, las prácticas son obligatorias. No tiene sentido que hable sin parar si luego no pide hacer fotos para comentarlas en clase. Las clases de fotografía deben ser siempre prácticas. Un poco de teoría y mucha práctica.
  • El profesor de fotografía debe dejar libertad para que cada uno encuentre su estilo. No debe imponer que todos hagan las cosas como las hace él. Tiene que ser capaz de ver las posibilidades de cada uno y ser una guía para los alumnos. Es el encargado de poner los cimientos en cada uno. Nada más y nada menos.

PD: Todas estas cosas parecen sacadas de un manual del perfecto profesor idílico, como si lo hubiera escrito el profesor de El club de los poetas muertos, pero son partes de algunos de los muchos profesores que he tenido como Vicente López Tofiño, José Manuel Navia, Cristobal Hara, Cristina García Rodero, Jorge Salgado, Eduardo Momeñe, Natalia Taffarel, Carlos de Andrés, Paco Gómez… Gracias a ellos, y a muchos que me dejo en el tintero, soy así de bueno o de malo, pero distinto.

 

 

 






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