jueves, 5 de julio de 2012

Fotografía de interiores II

Como vimos en la anterior entrega sobre este tema, ya tenemos la cámara, el trípode, el nivel, la carta de grises para hacer el equilibrio de blancos y hemos activado el histograma para tener un control absoluto del disparo, que es lo que vamos a ver a continuación.

  • A la hora de colocar la cámara, hay que tener mucho cuidado para evitar problemas posteriores en el procesado. El punto de vista ya lo hemos dejado claro en el anterior artículo, a la altura del estómago, para dar sensación de amplitud. Nunca a la altura de los ojos, excepto cuando tengamos mucha experiencia. Viene bien colocar objetos en primer plano para dar amplitud a la escena. Y un objetivo angular hace milagros en habitaciones pequeñas.
  • El nivel, ya sea uno sencillo de burbuja, o uno de carpintero, debería estar siempre en la mochila de un fotógrafo. Para conseguir unas líneas paralelas y bien equilibradas es necesario nivelar correctamente, ajustando la rótula para que la burbuja del nivel quede centrada. El único plano que tenemos que ajustar es el de la cámara, luego tenemos que colocar el nivel encima de la cámara, en la zapata del flash. Así evitaremos mucho trabajo de retoque.
  • El enfoque es otro punto delicado, ¿dónde lo colocamos? Normalmente en el punto de interés, pero siempre vigilando la profundidad de campo. Un truco muy bueno es enfocar al punto más lejano que quieres enfocado y luego, traer el foco al punto más cercano que también quieres ver nítido. Así conseguimos nitidez entre ambos extremos. Desde luego, poner un diafragma cerrado (f8, por ejemplo), nos ayudará.
  • En el caso de tener luces complicadas, muy contrastadas, con diferente temperatura de color o incluso en cualquier situación, conviene hacer un bracketing, es decir, tres disparos con distinta compensación de exposición para registrar cada zona correctamente, o eliminar posteriormente el ruido. Por supuesto, hay que disparar a la sensibilidad más baja de la cámara.
  • También hay que tener en cuenta la representación de las fuertes luces de las lámparas. Si alguna vez hemos intentado sacar la lámpara encendida tan bonita que tenemos en casa, el resultado ha sido pésimo, o la hemos quemado o hemos subexpuesto todo lo que le rodea. El secreto para solucionarlo es sencillo: tener a mano el interruptor de la luz, para encenderlo y apagarlo rápidamente mientras dura la exposición (que necesariamente tiene que ser un poco larga). Sacar una lámpara apagada en fotografía de interiores no tiene sentido, salvo que entre la luz del sol a raudales. Las lámparas dan personalidad al entorno, por lo que el pequeño truco que hemos visto nos evitará muchos quebraderos de cabeza. Eso sí, un ayudante se hace fundamental.
  • Deberíamos trabajar siempre con la luz presente en la escena, pero a veces, podemos buscar pequeños apoyos para dar personalidad a la imagen. Estos apoyos son los flashes de mano y los espejos, que bien utilizados, pueden dar sensación de un rayo de sol que se cuela por la ventana, o hacer una ventana en un cuarto cegado…
  • Y para finalizar hay que apretar el disparador, pero no de cualquier manera. No tiene sentido colocar la cámara en el trípode, nivelarla….si a la hora de disparar tocamos todo el conjunto con nuestras manos. Por esto es fundamental tener un cable disparador, o en su defecto, programar la cámara para que se disparé a los diez segundos (como veis el autodisparador no sólo sirve para salir en la foto). Y si estamos trabajando con una réflex, hay que activar el bloqueo de espejo, para evitar cualquier vibración. O poner el liveview de la cámara, que hace exactamente lo mismo. No hay que olvidarse de hacer una foto previa con la carta de grises para luego ajustar, en el programa de edición, la fotografía definitiva.

En la próxima entrega veremos cómo procesar la imagen.

Fotografía: Fernando Sánchez Fernández










Américo. Enviado desde mi iPad