sábado, 18 de septiembre de 2010

Un monje budista se suicida a lo Bonzo

monje budista suicidandose a lo bonzo 1 Un monje budista se suicida a lo Bonzo

La imagen que acompaña este post es sin duda una de las fotografías más impactantes del siglo XX. En ella podemos ver al monje budista Thich Quang Duc quemandose a sí mismo. Esta instantánea tomada por Malcolm Browne no me extraña que fuera galardonada con el premio Pulitzer, porque representa todo lo que una buena foto periodística tiene que ser. En la imagen podemos ver la crudeza del momento, nos cuenta la historia sin ambigüedades y posee una fuerza que duele.

Para comprender esta fotografía tenemos que conocer el contexto en el que se produce, la Vietnam divida y en guerra de los años 60. El presidente Ngo Dinh Diem era católico, y pese a ser Vietnam de mayoría budista, favoreció a los católicos en la estructura del estado. Éstos se envalentonaron con los favores que recibían y aprovecharon la coyuntura para saquear templos budistas ante la vista gorda del gobierno. La gota que colmó el vaso fue la prohibición de izar la bandera budista en la celebración de la iluminación de Buda, lo que ocasionó disturbios y la muerte de nueve personas a manos de las fuerzas del gobierno.

El 10 de junio de 1963 llegó a los periodistas americanos desplazados a Vietnam la información de que algo importante sucedería frente a la Embajada de Camboya en Saigon. Pocos periodistan hicieron caso a esta llamada, pero entre los que acudieron estaban Malcolm Browne y David Halberstam. Allí se encontraron con la escena que encabeza este post y que Halberstam narró de esta manera:

Iba a ver la escena de nuevo, pero una vez fue suficiente. Las llamas venían de un ser humano; su cuerpo se marchitaba y secaba lentamente, su cabeza se ennegrecía y carbonizaba. Sentía en el aire el olor de la carne humana quemándose; los seres humanos se queman sorprendentemente rápido. Detrás de mí pude escuchar los sollozos de los vietnamitas que se reunían alrededor. Estaba demasiado horrorizado para llorar, demasiado confundido para tomar notas o hacer preguntas, demasiado desconcertado incluso para pensar… Mientras se quemaba nunca movió un músculo, nunca pronunció un sonido, su compostura contrastaba con los lamentos de las personas a su alrededor.

Foto: Malcolm Browne








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