jueves, 30 de septiembre de 2010

Pintura y fotografía: Las bailarinas de Alina Yanechek

La pintura por muchos años se dedicó a retratar la realidad. Introducir el punto de vista del artista y su técnica para plasmar en un lienzo aquello que observaba. Peor el arte no podía avanzar sólo perfeccionando la técnica, el ojo del artista tenía que llegar a observar la realidad a través del filtro de su propia experiencia, transformándola.

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La invención de la fotografía resultó en una revolución de la pintura. No únicamente porque les quitó el peso a los pintores de imitar la real permitiéndoles explorar nuevos caminos, sino porque les hizo dar cuenta que su vista nunca sería aquel instrumento perfecto e instantáneo. La pintura entonces fue transformada y se convirtió en un camino para explorar la luz, la forma, el tiempo. Una verdadera revolución pictórica que explora la percepción más que la simple observación.

Pero aunque la fotografía captura la realidad de forma automática, con más precisión que el pintor, la técnica seguía teniendo un elemento artesanal, el proceso controlado por el fotógrafo. La manipulación de la luz a través de la química. El ojo del fotógrafo seguía siendo quien marcaba los pasos y era quien mandaba en el momento de que la fotografía se acercaba al objeto real, nuevamente intentando plasmarlo tal cual era visto. Ya no era el pintor quien escogía los colores y las formas, pero seguía siendo el fotógrafo quien buscaba el encuadre y la iluminación y el cuarto oscuro se volvía el nuevo caballete del artista.

Pero la evolución de la fotografía recorre de nuevo los mismos caminos que a la pintura. La cámara digital le quita al fotógrafo el peso del procesado del duro trabajo del laboratorio, de la morosidad del negativo al revelarse. La perfección de los lentes, de los sensores, de los sistemas automáticos le permiten retratar la realidad tal cual es.

Por eso ahora es necesario utilizar nuevas técnicas para añadir el filtro de la experiencia, la sensibilidad del artista en la propia imagen. La fotografía entonces se convierte nuevamente en pintura. El caballete son las diferentes herramientas de procesado y la imagen que se ve a través del objetivo de la cámara ya no es aquella que el fotógrafo planea sino sólo una nueva paleta en su pincel.

Las fotografías de Alina Yanechek  se encuentran así con los cuadros de Degás. Si los cuadros de Degás parten de la imagen vista y son transformadas por su técnica, por su sensibilidad y por sus cataratas que le hacían ver el mundo borroso y oscuro. Las fotografías de Alina Yanechek parten también de lo real, pero esta vez comienzan de una fotografía retrocediendo el camino hasta convertirse en una obra pictórica.

Via: 1x

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